Vamos en mal camino

Oigo la voz de mi conciencia, busco desesperado como responder a ella, remordimientos y arrepentimientos no caben en esta jaula de pájaros que les censuran su libertad de volar. El día es joven y la noche demasiado borracha, un mundo en que se ha substituido coger una mano a coger un vaso, un vaso húmedo, frío y sin fondo, el fondo llega en el momento que nace el sol, aquel alba que nos deslumbra y nos recuerda que debemos volver a casa. Pero no, yo no quiero substituir el placer de roce de dos pieles, el sentimiento que corre a través de las dos extremidades unidas, donde las energías se unen para que dos corazones con sus respectivos latidos den paso a un amor que posiblemente nunca surgirá. Carpe noctem contra un carpe diem en que no existe la mañana. No quiero volver a ser aquel que llena su vacío con alcohol, no quiero ser aquel que busca compañía de aquellos que no les corresponde tan solo por no sentirse un alma solitaria, amo mi soledad como un cactus el agua. Mis agujas repudian aquellos que no me comprenden. Me siento como si hubiesen abierto mi jaula, encontrando ese vaso de leche que a las 8 de la mañana me daba fuerzas para ir al colegio en una época que creía que nunca acabaría. Hoy estoy aquí, con mi cigarro en la mano, con el humo llenando la sala donde aparecen formas irregulares que me hacen recordar que de la nada puede surgir todo. Como dijo el gran Pablo Neruda, hoy estoy aquí con mi mayor consuelo, la soledad de un alma libre, escribiendo los párrafos más tristes esta noche.

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