La ilusión de Nadia

Sin razón se detiene a pensar, la luz de una farola frente a la luna le impedía ver, que la noche es pasajera, debe detener el tren que le lleve a la estación más próxima, pero no hay trenes. Piensa sentada bajo la luz, no hay un mañana que construir pero si un presente que alimentar, migas de pan no son suficientes para saciar la sed. Mira a la vía.

-Por aquí pasan trenes no? Pero hace meses que no veo ninguno.

Se mira en el reflejo de un charco y llora.

-Se acabó, voy a levantar mi voz y mi fuerza para construirme mi propio tren!

Meses pasaron, frente aquel reto. Caídas y bajadas, miradas fijas frente a la gente del pueblo, risas escondidas entre los abrigos de piel de aquellos figurantes que solo eran imaginaciones suyas. Quizás afectada por los rayos del sol, o por el frío de la nieve invernal Nadia acabó ese tren tan surrealista.

Jamás pensó que ella misma construiría su futuro, pero aquél vagón que parecía que salía del andén 9 y 3/4, le llevó a buen puerto y supo zarpar hacia el inmenso océano pacífico. Llegó a una tierra prometida en la que la colonización ni el imperialismo hubiesen existido.

 

Obliquos.

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