Explota las Teclas: Capitulo 1 (1a parte)

EL FIN DE UN TITULO

 

Aquí estoy frente a un papel tintado por palabras y observado por miradas que esperan que te equivoques. Esto es la universidad, perdón, esto es la universidad pública, aquel lugar donde vagas por el tiempo esperando a obtener un título que te permita iniciar tus proyectos y empezar a hacerlos reales.

El examen termina y anticipa la salida hacia la libertad, hacia el verano, el año pasado con mi amigo Nahúl fuimos a Bélgica a conocer al doctor Strangelove donde nos enseñó un misil naval potenciado por plutonio que era capaz de destruir un submarino presurizado a más de 100 metros de profundidad.

Nahúl es mi mejor amigo, de origen egipcio, por la guerra su familia decidió emigrar a España en busca de una mejor vida, solo encontró rechazo, odio y burla. Han ido mudándose de pueblo en pueblo hasta que nació Nahúl y encontraron este maravilloso pueblo donde vivimos, Onírio. Un pueblo que se sitúa en uno de los valles de la majestuosa cordillera del Mastón.

Este año pondremos nuestros propios planes sobre el mapa. Son solo pequeñas pruebas que si salen bien, cuando tengamos el titulo nos forraremos.

Los exámenes han terminado aunque aún quedan dos semanas de clase, la espera de las notas y de entregar un par de trabajos los cuales no influenciaran en las notas finales. Aunque uno de los trabajos es entregar el proyecto de final de carrera.

Mi invento ha sido un robot capaz de asimilar las diferentes emociones de los humanos y complementar una conversación con una serie de frases almacenadas en su base de datos. Muchos en la carrera de programación hacen proyectos similares, pero los míos van más allá. Este robot es tan solo una evaluación de ciertos parámetros y algoritmos creados por mí, a los cuales si son correctos, puedo desarrollar un robot camuflado en humano y con la ayuda de mi amigo Nahúl, convertirlo en un arma nuclear, que tal y como están las cosas, muchos gobiernos se pelearían por adquirirla. Pero ese es otro asunto, va bien que un futuro programador informático este acompañado de un futuro ingeniero nuclear, y que además sea mi mejor amigo.

Hoy visitaremos al profesor Edmund, quien me imparte la asignatura de Robótica autónoma, nos tiene una pequeña sorpresa.

Por la tarde volvemos a la universidad, pero volvemos con el cuerpo más relajado y acompañados de Martin, mi proyecto de final de carrera. Nahúl me acompaña junto a Mario, y mejor no quiero imaginarme que traen en esa gran plataforma tapada por una manta. Mario es el compañero de proyecto de Nahúl y va 2 años avanzado, un niño prodigio, tiene bastante admiración por él ya que durante el duro esfuerzo de estos meses, horas bajo cámaras de presión, salas de radiofrecuencia y soldando a mas no poder, ha aprendido mucho de mi gran amigo Nahúl.

Al entrar a clase veo un gran tribunal, con el decano y los diversos supervisores de departamento, yo creía que debía ser una exposición breve… 10 minutos ha durado mi súper PowerPoint, el tribunal se ha quedado a Martin y tardaran media hora en juzgarlo y sacar sus conclusiones.

Sinceramente a mí no me preocupa, no tiene ni un solo código erróneo, ni un solo fallo, incluso temía que usando redes neuronales aplicando algoritmos genéticos se alterara la percepción del ambiente, lo sé, puede sonar a chino, pues así es mi vida después de 23 años de mi nacimiento, todo me suena a chino pero me adapto a las circunstancias y actúo.

Mientras espero, bajan al bar Nahúl y Mario, al parecer indignadísimos.

– ¿Te puedes creer que el proyecto no es válido debido a que sus niveles de radiación son demasiado altos? – Nahúl con gran cabreo pide una mediana.- Quieren formar a ingenieros nucleares pero les ponen límites a sus creaciones, así no podemos trabajar nosotros.

Nahúl suele calentarse muy rápido, es de sangre caliente aunque siempre piensa antes de actuar, no se deja llevar mucho por sus impulsos, él prefiere dejar sus impulsos para sus proyectos ya que la creatividad no tiene límites y menos cuando eres impulsivo mentalmente hablando.

Mario se marcha a casa bastante decepcionado por la exposición, suele ser bastante pesimista así que ya le diremos nosotros más tarde la nota, sino podría caer en una pequeña depresión. Es un niño prodigio, pero con las emociones de un adolescente al que le acaba de dejar su primer amor, tiene mucho que aprender aún, aunque tampoco soy la voz de la experiencia que son 23 años los que tengo. Cuando se ha ido Mario, ha aparecido el profesor Edmund, uno de los que estaban en mi tribunal y también estaba de asistente en la exposición de Nahúl y Mario.

 

El profesor viene con cara seria, pero son apariencias para disimular su humor selecto que solo saca cuando estamos en privado. En la universidad es uno de los profesores con más renombre ya que estudio en Oxford y ahora imparte clase aquí en España.

– ¿A qué viene esa cara tan larga Nahúl? ¿Y tú Lucas a que viene tanta pasividad? – la ironía era el punto fuerte del profesor.

Pagamos las birras y acompañamos al profesor a su casa ya que había terminado la jornada laboral y el mismo disponía de las notas finales del proyecto de carrera. Cuando nos las dice, Nahúl no puede evitar gritar en su idioma, palabras sueltas iba entendiendo y no era todo prados verdes, amapolas y el viento acariciándote, se estaba cagando en la madre de la mayoría de las personas que han avaluado su exposición, aun habiendo sobrepasado los límites impuestos por el tribunal, había aprobado por la mínima. Por otra parte, yo había conseguido un 9, no llegue al 10 por la exposición, sabía que la maldita profesora de sistemas operativos tendría la última palabra sobre mi nota, nunca ha aprobado la perfección y detesta todo aquello que se halla desarrollado de manera excelente y no tenga fallos, pero no importa, no la necesito ni a ella ni sus notas.

No veníamos a casa del profesor Edmund para saber las notas, sino porque tiene algo que enseñarnos, una maqueta de lo que podría ser el primer robot con pensamiento autónomo y con libre albedrío. Es tan solo un proyecto, en el que debe afinar algunos parámetros antes de ponerlo en marcha y por eso nos ha llamado, necesita nuestra ayuda.

 

Después de unas horas trabajando sin apenas haber cenado, conseguimos recalcular la memoria selectiva del robot poniendo un límite de acciones, ya que si lo encendemos sin ese límite y funciona todo correctamente, podría ser un caos y el robot coger por su cuenta y empezar con el maravilloso milagro de la vida, aunque en este caso artificial.

Quizás suene extraño que un profesor pida ayuda a uno de sus alumnos, pero es que Nahúl y yo, somos con diferencia los más avanzados de nuestra materia, desde pequeños nos hemos criado en este entorno sabiendo muy bien los objetivos y los sueños que querríamos cumplir, no hemos llegado ni a un cuarto de nuestros propósitos pero vamos en buen camino.

Llegado el momento, encendemos el robot expectantes. Parece que no falla aunque vemos un pequeño sobrecalentamiento en la parte derecha del cuerpo. Quizás no hayamos ajustado bien las dos partes del cuerpo al núcleo central. Pero quitando este pequeño bache, el robot se ha sentado con nosotros a cenar y hemos conseguido crear una conversación fluida y variada con él, en la que en ningún momento se ha salido del contexto de la conversación, prueba superada.

El día en si ha sido bastante satisfactorio, casi 10 en el proyecto Martin de final de carrera, y las pruebas de autonomía en el robot del profesor Edmund han sido muy positivas. Puede ser un verano fantástico, proyectos para iniciar la empresa con Nahúl y desarrollar nuestro I+D y en nuestro primer año conseguir contratos en subasta publica del gobierno central, de este, o quizás otro país, eso nunca se sabe.

A veces pienso que para mantener equilibrio del mundo, es necesaria la tecnología, pero por otra parte lo que hacemos es substituir el mundo por un mundo de máquinas.

Cuando tengo horas muertas en la uni me gusta matarlas yendo a otras clases, y hoy me apetece filosofía. Para mi es una de las bases para poder trabajar en mis proyectos, ya que con ella desarrollo mi creatividad, mi arte de programar.

En una de esas clases conocí a Steve, o como lo llamo yo a veces para rabiarlo, elfo. Steve es de Noruega, ha venido de Erasmus a España. Su cara me recuerda al típico finlandés rubio parecido a Kimmi Raikkonen, es clavado o supongo que son como los chinos los cuales no distingues.

Parece que hoy no ha venido a clase, es una lástima porque quería explicarle los avances con el profesor Edmund, me ha ayudado mucho Steve a la hora de programar el núcleo central, el cerebro artificial, la vida de Martin…

Al salir de clase recojo a Nahúl y nos vamos a un lugar donde todo es posible, repleto de pasión, sacrificio, esfuerzo, inversión, planificación… Vamos a nuestro bunquer subterráneo. A lo alto de la cordillera del Mastón, hay una serie de túneles que conectan las montañas por su interior, algunos se convierten en pozos ya que filtran todo el agua de las montañas y crea cavidades y cámaras de aire dentro suya, ahí es donde lo hemos construido.

Este proyecto hemos tardado 3 años en hacerlo realidad, hace poco menos de 1 mes que está terminado. Antes de llegar a una de las cimas, nosotros subimos a la cima del Puño, parece que en la antigüedad no se esforzaban mucho por ponerle nombres a las cosas.

 

Continuará…

 

Nota del autor:

Hola a todos, me gustaría informaros que he firmado un contrato con Ediciones Papelyboli para publicar “Las aventuras de Obliquos” que se hará su presentación en Septiembre. Por otra parte, “Explota Las Teclas” será publicado en 2018.

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