Las Aventuras De Obliquos: Capítulo 2 ( Completo )

Sonidos de pájaros cantando, una suave brisa que hace mover los arbustos y las ligeras ramas de algunos árboles. Abejas volteando por los bosques en busca de polen, hormigas con grandes tenazas agujereando la tierra fértil para aposentar sus colonias. Ese era el entorno por el que creció Obliquos. Un lugar tan fantástico donde llegan a haber seres inimaginables que se esconden por los rincones más profundos del bosque, quien sabe si hadas, gnomos o enanitos, o un lugar donde la evolución no ha tenido escala alguna.

Obliquos inició su larga travesía acompañado de su lobo gigante Skifler, tan celestial como siempre. El camino es sencillo, cruzar el bosque hasta llegar a la orilla del rio Tenas ya que si avanzan por la orilla pueden evitar a los avistadores infiltrados del hechicero, los oráculos del pueblo le han advertido que se esconde un gran peligro en una de las cascadas que hay si intenta remontar el rio hacia su nacimiento.

Con largas horas bajo sus pies de caminar sin cesar, por fin llegan al cauce del rio donde un poco más adelante ven una pequeña cabaña al otro lado de la orilla. Deciden ir a investigar si hay hostilidad o por ahí nunca han pasado los secuaces de Menhill. Obliquos entra sin pensárselo dos veces y encuentra un hombre durmiendo dentro, al entrar, el hombre se despierta y de un sobresalto por el susto, se golpea contra unos cestos llenos de cocos por los que acaba inconsciente. Con un cubo de agua que ha llenado del rio, lo despierta tirándoselo a la cara y vuelve en sí.

  • ¡Qué demonios haces aquí! ¿Cómo me habéis encontrado?- dijo con gran enfado y asustado a la vez.
  • No se preocupe, no pertenezco a los guerreros del hechicero, solo querríamos descansar y que nos explicara un poco como podemos subir hasta arriba del rio. – dijo Obliquos intentando calmar al hombre.

Unos minutos tardaron en resolver sus discrepancias en que eso no eran maneras de entrar en refugio alguno, pero finalmente pudieron quedarse a pasar la noche allí. Ayudaron a coger provisiones al hombre, que según lo que les había contado, se exilió de su pueblo Grandoner, cerca de Onírio. Se llamaba Marcus y luchó en resistencia a los continuos saqueos de Menhill, pero al firmar el tratado su pueblo, tuvo que exiliarse para evitar ser capturado.

Mientras cenaban Marcus explico a Obliquos como llegar hasta la cascada del Capitán, que es la última del rio, donde nace la vida.

  • Tienes que vigilar cuando llegues a la cascada del Capitán porque allí se aposenta uno de los guardianes del hechicero, no lo he visto nunca pero explican los viajeros que tiene una mandíbula capaz de arrancar montañas…- explicaba Marcus mientras Obliquos comía rábanos.

Sin mostrar asombro, el joven con telequinesis se fue a dormir. Nunca duerme con un los dos ojos cerrados, siempre tiene uno abierto por si hay enemigos ahí fuera.

Al día siguiente, frente a una mañana soleada por la que veías el sol y las 3 lunas poniéndose con una claridad tan asombrosa que tenías que frotarte los ojos para volver a la realidad, Obliquos y Skifler partieron río arriba, uno por cada orilla rastreando para no encontrar a algún enemigo por sorpresa.

Todo parecía tranquilo cuando de repente se empieza a escuchar sonido de agua resonar con gran fuerza. Estaban llegando a las primeras cascadas, donde el agua ha erosionado chocando contra diferentes partes de la montaña y había creado una pequeña red de cuevas por las que llegaba a filtrar agua dentro de ellas. Saltos de agua que creaban cavidades en el suelo formando pequeños lagos en distintos lugares del cauce del rio, pero no había lago que les parase, los cruzaron y con precaución Obliquos envió por el bosque a Skifler para que llegaran a un punto concreto, y él cogió una cueva que parecía que llevaba arriba bordeando la última cascada.

Sin embargo esa cueva no le evitó saltarse la cascada, sino todo lo contrario, le llevó directo a ella. Allí, solo, cuando ve los primeros rayos de luz que marcan el final del túnel, empieza a notar unas vibraciones muy negativas. Obliquos aparte de tener telequinesis, era capaz de percibir ciertas auras y fuentes de energía. Cuando por fin llega al final y solo queda la ceguera de unos segundos hasta ver el exterior, un temblor surge del lago donde cae la cascada y aparece del agua con gran furor un cocodrilo gigante con una mandíbula capaz de arrancar cuatro o cinco cabañas juntas. Mostrando sus afilados dientes impide el paso a Obliquos.

  • ¿Dónde te crees que vas? Este es territorio del hechicero Menhill y para pasar tendrás que hacer un tributo. – Dijo el cocodrilo relamiéndose los labios, deseoso de comida.
  • ¿Quién es ese tal Menhill del que hablas? – Pregunta Obliquos tajante.
  • ¿Cómo te atreves a mencionar de tal manera al gran Menhill? – El cocodrilo entra en furia.

En un ataque de locura y furia, el cocodrilo gigante se abalanza sobre Obliquos con su gran mandíbula con tal de llevárselo a la boca, pero cuando llega al suelo, ha desaparecido. Más rápido que la luz Obliquos se ha colocado detrás del cocodrilo y con un simple movimiento de brazo, levanta por los aires al cocodrilo.

  • ¿Y ahora, me vas a decir quién es ese Menhill?

El cocodrilo empieza a rugir y de su garganta salen bolas de agua con la velocidad de un misil directas a Obliquos, pero antes de que lleguen, Obliquos deja de mantener al Capitán del rio en el aire y vuelve a moverse casi sin poder verlo. Los ha vuelto a esquivar. Al ver que no puede legar a entrar en razón y hablar, vuelve a sostenerlo en el aire pero esta vez para mandarlo lo más lejos posible, y fíjate si lo mando lejos que los habitantes de Onírio que están evacuando y trasladando el pueblo a otro lugar, vieron volar por encima suyo al cocodrilo gigante.

Skifler también lo vio desde arriba de las montañas, donde habían hecho el punto de encuentro antes de separarse, y no dudó en bajar. A medio camino se encuentra con Obliquos y no puede evitar alegrarse y empezar a lamerlo. Un solo lametazo basta para empaparlo entero de saliva.

  • Ya está, ya está Skifler. Estoy bien, no te alegres tanto que solo ha hecho que empezar el camino. – dice Obliquos queriendo amenizar el entusiasmo y alegría de Skifler.

El camino se vuelve bajada y las piernas empiezan a cansarse. Para Obliquos genial ya que todo esfuerzo físico que haga carga de energías y fortalece su telequinesis. Si utilizase su poder para caminar, o para hacer cualquier tarea física común, su energía se agotaría demasiado rápido y no podría haber mantenido al cocodrilo en el aire por su tamaño y peso. Así que no puede hacer trampas para viajar. Pasada la mitad del camino, en algunos pinos de tantos que abundan en el bosque, empiezan a haber marcas y señalizaciones. Hay un patrón y las señales se repiten, son tres: una es como un arañazo con 5 dedos hacia abajo en la corteza del árbol, otra es claramente una cruz y la última es la que tiene intrigado a Obliquos, es una forma, quizás un dibujo y parece que es algún tipo de animal con una pinza cruzada. Los dos primeros indican que se acercan a una de las partes más profundas del bosque en la que se ha formado unas ciénagas de lodo.

Ante el presentimiento, y el flujo de energía que corría cerca de las ciénagas, Obliquos quiso bordearlo para evitar enfrentarse a lo que pueda haber en ese lodo tan repugnante y pegadizo. Mientras se desvían del camino central sufren una emboscada, dos caza humanos se plantan frente a Obliquos y Skifler. A sangre fría disparan dos flechas que van dirigidas al cráneo de Skifler para tumbarlo, la cuales salen a una velocidad que parece que puedan llegar a atravesarle pero se paran una milésima de segundo antes de poder rozarle un pelo.

¡Obliquos las ha detenido! Sin piedad, gira el sentido de las flecha y acaba sin dudarlo con esos caza humanos. Pasado el susto van a reconocer los cuerpos para encontrar cualquier pista, si eran rastreadores o simples cazadores. Mientras estas investigando los cadáveres, una pinza de escorpión gigante, lo golpea junto a Skifler y los envía directos a una de las ciénagas.

  • ¡Maldito Pinzamorten! – exclama Obliquos mientras vuela del golpe que le acaban de propinar.

Obliquos no se esperaba ese golpe por parte de un viejo conocido, Logan Pinzamorten. Un escorpión de casi 3 metros de altura con una pinza impregnada de veneno. Hace muchos años ayudó al pueblo de Onírio a construir una presa después de una gran inundación que sufrieron, aunque ahora esa presa no sirve de nada ya que las rocas se desprenden y el pueblo está emigrando en busca de un lugar mejor.

 

 

 

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